miércoles, 29 de abril de 2015

Mi primer sobresalto

18 de Octubre de 1989
Alrededor de las 15,00

Volvía a casa desde Calahorra  y comer, como todos los días, cuando en el tan famoso "cruce de Falces", un Renault 5 se saltó el STOP justo cuando yo estaba prácticamente encima de él. Una recta de más de 4 Km. Una Yamaha RD 350, de 2 tiempos. Le embestí en medio de su lateral derecho, sin opción a esquivar ni  a frenar. Coche y moto a la chatarrería. Yo, no tengo muy claro dónde estuve.

No recuerdo nada. Un testigo me comentó más adelante que al girar la curva vio algo volando por los aires y que le costó descubrir que era una persona en vuelo libre. Casco de Kevlar, afortunadamente, con restos de impacto en la barbilla; no tuve roturas y me libré con 9 puntos en la rodilla con que impacté en el coche. Y un arrancamiento de plexo braquial, claro. Sin remedio.

Estuve un tiempo sin dar  señales de vida, según me contaron más adelante. Me daban ya por muerto. Sólo sé que me vi, desde una altura que no podría precisar, en el suelo, tirado de lado en la cuneta, un poco... ¿acuclillado? Qué descripción más rara. Pero así me vi: desde fuera de mi cuerpo, con mi traje gris de agua con tiras reflectantes y el Nolan blanco en la cabeza, tirado, sin nadie alrededor, solo.


Y es en ese momento en el que comencé a pensar, ya dentro de mi cuerpo físico. No veía nada (perdí la visión o no fui consciente de que veía durante bastantes horas). Pensamientos extraños, un poco inconexos, intentando buscar una explicación que no hallaba, moviendo las piernas para comprobar daños, hasta que noté que no me podía incorporar.

Discutiendo con un Guardia Civil que me preguntaba dónde estaba la llave del cofre, al que mandé a algún lugar remoto. Ambulancia... la consciencia iba y venía; urgencias... Todo el recorrido, vamos.

Pasados unos días comencé a dar vueltas a aquella visión, lo comenté con los médicos... y nada. Quise creer que todo se debía a una alucinación producida a causa del impacto. Era lo más natural. Sin embargo, algo se rebelaba dentro de mí al pensar en ello. No había sido ni sueño ni alucinación. Era real, estaba fuera de mi cuerpo. Pero, ¿con quién hablar de ello? ¿Qué pensarían? A los dos o tres años reuní el ánimo suficiente para volver por allí (primera y única vez) y reconocí sin lugar a dudas el lugar donde estuve tirado.

Ni siquiera recordaba qué era el cuerpo astral. Y quedó en el olvido, aunque de vez en cuando pensara en ello.

Aquí podemos decir que surgió tímidamente tal capacidad, que estuvo al acecho 3 ó 4 años más, supongo que esperando el momento oportuno para manifestarse.

Pero claro, eso es otra historia

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